Inconclusos

Si supiera realmente que esto es como debería ser. A veces tenemos sueños que no son precisamente los buenos, esos con los que te levantas un día y dices ‘genial, sé que algo grandioso viene hacia mí’ y un torbellino de cosas sumamente increíbles destroza cualquier atisbo de negatividad. No. Estos no son así. Son esos que al despertar te agitan el pensamiento.

A veces ni los recuerdas. Solo están ahí, intentando hacerte sentir, una vez más, una serie de sentimientos desafortunados, incongruentes. Pero aún lo intentas. Tratas de salir del paso, de esconderte de esas emociones que te hacen pensar en por qué no saltaste del acantilado cuando pudiste, porque simplemente en lugar de despedirte con un beso no te quedaste y luchaste por hacer algo diferente, algo que no te amarre a una tierra estúpida y sin beneficio y que tiempo después terminarías retractandote de lo que dijiste.

Odio esos sueños que no puedes recordar. Parecen ser creados para recordarte lo frágiles que somos, como la memoria, como cada segundo que parece ser feliz, pero que no lo es porque pasaste tanto tiempo pensando que lo era que no lo disfrutaste en verdad. Esas tantas veces que conversas con un gran amigo de la facultad y te terminas dando cuenta que lo quieres y lo odias al mismo tiempo porque nunca fueron nada que sí era algo, pero que jamás pasó porque de ser así quizás la vida hubiese sido otra. Quizás eso también pasa con esos sueños. Quizás los amo y los odio, pero nunca podré saberlo, precisamente porque no sé cuál era su fin.

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