Angèle suena en el playlist. Parece que su voz adormece mi estancia entre las sábanas. No quisiera despertar. No, en verdad no quisiera. Y amaría realmente sentirme una con la cama, con esa pesadez que me domina cuando no estoy en ella. Así son esas mañanas cuando lúgubre el sol de la primavera lejos de dar calor, solo produce sueño. Cuando a veces la ventana cerrada deja pasar ese polvillo inquieto que viene acompañado del halo que me despierta.

Hace poco he recordado esos momentos cuando venía de llorar por las noches, cuando el eco del pasado atiborraba de pesadillas vívidas mis pensamientos despiertos. Así era sentirse con ánimos de no despertar. Había sufrido de muchas maneras, pero mi silencio y mi enojo contra el mundo solo parecían golpear cada vez más bajo mis ánimos por crecer. No podía mirar hacia arriba. Estaba en un hoyo, en una fosa de lodo de donde no quería salir. Me había encontrado a gusto en medio de esa oscuridad y al menor rayo de luz, solo lo eliminaba. Lo detestaba.

A pesar de todo, una mañana me levanté de la cama como tantas veces hacia el espejo. Lo miraba una y otra vez y no encontraba nada interesante en él que realmente me gustara. Hasta que noté algo que sí me llamó la atención. Comparé esas pequeñas manchas marrones salpicadas en mi rostro y parecían estrellas. Una de esas tantas noches entre lágrimas miraba el cielo y estaba tan despejado que solo la luna y las estrellas brillaban sin piedad. Era la única luz hermosa que dejaba pasar con honores hacia mi retina.

Las observaba una y otra vez y re-descubrí mis ojos marrones. Y de tantos mirarlos noté que no eran tan oscuros. Tenían un color marrón que pronto me pareció adorable. Y aunque no lo crean, así empezó el amor propio. Empezó por mis pequeñas pecas en las mejillas y en esos ojos iluminados por la luz del sol que tanto aborrecía.

Pronto había exteriorizado toda la depresión en cada cosa a mi alrededor y me había adueñado de la luz de las cosas. Era una estrella gigante viajando por un espacio grisáceo, lúgubre, muerto intentando dar vida a lo que había dejado morir en mi ausencia.

3 Replies to “Les matins”

  1. Hay veces que tocando fondo y llegando a lo más profundo del hoyo en plena oscuridad, un día de repente das un pequeño salto y ves la luz, te aferras a esa pequeña chispa y tú le das fuerza, porque es la que sale de ti, la que no sabías que tenías, pero te sorprendes y vuelves a estar en lo más alto.
    Qué maravillosa forma de describir como se puede salir de un estado de ánimo bajo.
    Ha sido genial leerte.
    Un abrazo.

    1. Muchas gracias mi querida amiga. Es cierto, a veces tocamos fondo, pero hay que saber como remontar la situación. Un fuerte abrazo 🙂

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