En el siglo de las grandes migraciones la realidad de los jóvenes refugiados de regímenes dictatoriales solo ha comprendido la vergüenza ajena para sus defensores y la desaprobación de quienes intentan cuidar sus fronteras de ellos. Los jóvenes de hoy se encuentran en el limbo de tocar puertas y encontrar un ‘no’ por respuesta.

Era una hazaña para algunos, una aventura y una locura para otros. Ibrahim se había puesto de acuerdo con sus compañeros de la escuela y surcarían, en una pequeña embarcación de madera, el inhóspito mar Mediterráneo. La vida en sus montañas se había vuelto cada vez más dura. La pobreza acechaba y el hambre apremiaba. Algunos dejaron la escuela para ser un soporte económico más para sus familias. Como él, 51.483 argelinos de los mal llamados “harragas” arriesgaron sus vidas para llegar a costas españolas, francesas o italianas, o a donde las olas pudieran llevarlos.

Como él, Mohamed con 19 años recién cumplidos también se había visto seducido por la aventura de quemar la frontera. Empezar su vida desde cero y contemplar la idea de dejar de lado el dinar argelino para apostar por una fortuna en euros. Sin embargo, él solo se convirtió en una estadística. Una de aquellas que avergüenzan a los gobernantes en Argel. Su muerte solo se ha sumado a ese centenar de cuerpos hallados en las costas africanas y las de sus compañeros a bordo a los más de 90 desaparecidos el año pasado.

Foto propia.
Foto propia.

La situación de la U.E. que exige una reglamentación para abastecer el marco legal y humanitario de esta situación se ve interrumpido por la potestad de cada país. Italia y el actual gobierno de Salvini comprenden que su economía y sus fuerzas de trabajo tambalean con la llegada de los árabes y otros inmigrantes quienes buscan mejores oportunidades. Ibrahim ha cruzado sus tierras con miedo a ser deportado y hasta aprendió a escoger de la basura lo que aún puede comerse y lo que ya no.

Pero no ha sido mejor su destino porque ha descubierto la indiferencia y la esclavitud al llegar a tierras francesas. Un hombre aprovechó su condición para explotarlo y seguir ganando dinero a costa de esclavizar su voluntad. Logró escapar en cuanto pudo. ¿Y se supone que eso no es legal?, se pregunta. Pero nada lo va a ser en la medida que él tampoco. Y aunque sus ánimos decaen con los meses, su fe en las decisiones que otros tomen sobre su situación le da esperanza para seguir.

Despierta cada mañana como de costumbre a las 07:00. Busca la manera de asearse y así, una vez recuperado el aliento, camina en busca de empleo. Se enfrenta a las condiciones que el clima le ponga a cada paso, a las miradas prejuiciosas de los que reclaman proteger sus tierras precisamente de gente como él, a la desolación de ver a otros en la misma situación, pero su sonrisa no decae. De buen humor, deja de comer él para darle a unos pequeños que encontró en la calle.

– Si Dios quiere, podré traerte algo más mañana.- le dice. – Espero que me llamen de un trabajo. – y sonríe.

Se ha hecho de valentía y ha emprendido su marcha de nuevo. Al llegar la noche, se ha refugiado en un parque y con cartones recuperados de un pequeño café al lado de la calle se cubre haciendo de ellos un hogar temporal. Y su rutina vuelve a empezar. Él, como muchos, no tiene la culpa de verse forzado a estar en esas condiciones, pero no deja de soñar con que algún día esa situación cambiará.

– Es cierto que quieren cuidar sus tierras, es cierto que tienen miedo de nosotros. Es cierto que no somos bien recibidos, pero al menos hay libertad aquí y puedo andar tranquilo sin pensar que puedo morir mañana. Lo peor ya lo he pasado y con Dios de mi lado, estoy completo.

Y aunque no tenga nada, el sigue creyendo en un sueño que depende únicamente de la voluntad de otros. Una que empezó en sus tierras brillando por su ausencia con guerras que no eran suyas y terminará en otras que poco tienen que ver con ellas. Es como una pequeña paloma errante que a nadie realmente le importa, porque hay tantas que para algunos es una plaga, y para otros, la verguenza de la que sus dueños buscan deshacerse.

*La historia se ha realizado con base en hechos reales y he decido cambiar sus nombres por protección del protagonista. 

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