“Ella entrecerró los ojos y aún se soltaban algunas lágrimas por el rabillo del ojo. Lágrimas turquezas como el mar que lo vio partir.”

Me gusta tomar fotos a aquello que quiero retener en la retina por siempre. Y hoy, quiero presentarles otra forma que tengo de escribir a través de esta actividad. Cada foto de portada en mis entradas es de autoría propia. Cada una en mi Instagram, también. Por ello escribo historias basadas en aquellas imágenes que me regala el mundo en cada viaje, en cada caminata por la tarde. Trato de tomar esa expresión de colores y transformarlas en letras.

Hoy quiero mostrarles un pequeño compendio de las fotos que más me gustaron y de lo bien que me sentí al mostrárselos:

  • 29 de julio

Era una dulce pequeña atrapada en lo alto de una torre. Miraba y miraba hacia la calle vacía. Todos tenían prohibido pasar cerca de su torre. No podía ser testigo del mundo que la rodeaba. Tenía una ligera idea por lo que le había contado su hermana. Muchas aventuras había vivido ella y lejos se sentía ella de vivirlas también.

Una mañana un pequeño colibrí rondaba por las flores que tenía en el marco de su ventana. Aleteaba sus alas tan rápido que parecía sólo tener su pequeño cuerpecito suspendido en el aire. La pequeña no podía creerlo. ¿Quién era ese ser maravilloso? Pronto, se posó en sus manos y descansó mirando la increíble habitación que ella poseía. Parecía comprender su situación.

La niña encerró al ave en una jaula y mandaba a su hermana a comprar el alimento y todo aquello que necesitara, pero poco a poco el brillo de sus alas no era el mismo. Año tras año, el ave moría y la pequeña no tan niña ya no lo lograba comprender.

Había hecho lo mismo que estaban haciendo con ella: no dejaba vivir a la pequeña ave en libertad. Abrió la jaula creyendo que ésta escaparía, pero el ave se postró lentamente en una esquina esperando su triste final. En el reflejo de sus ojos, la niña observó que ya no era una niña y sus cabellos blancos se quebraban al pasar del viento. Y así ambas criaturas perecieron en una torre lejos del mundo.

  • 23 de julio

Averiguamos que éramos iguales. Teníamos los mismos sentimientos, la misma historia. Éramos dos almas gemelas destinadas a encontrarse. Fue en ese instante casi perfecto en el que nos vimos a los ojos y tratábamos de perseguirnos las pupilas que teníamos el ligero presentimiento de habernos visto antes.

Y sabes lo que dicen de ese tipo de miradas. No son recientes. Son almas que se miran después de buscarse por el mundo y encontrarse precisamente en ese instante. Los siglos pasan más rápido en aquel momento de amor verdadero.

  • 20 de julio 

Casi 20 años después, el guión del Titanic cobraba sentido para ella. “Si tu saltas, yo salto”, le decía Rose a Jack. Para ella, simples palabras vacías de un filme de 1997 que retrataba un amor casi obsesivo, impertinente… joven.

A sus 40 años, miraba el abismo que alguna vez marcó su vida. Aquel mismo que fue escenario de la herida cicatrizada en su ceja. Y aquel que también le dejo una herida en el corazón; una abierta. “Si tu saltas, yo salto”, y lo que pretendía ser el momento con mayor dosis de adrenalina pasó por sus ojos casi como un recuerdo fugaz. Ella sostenía su mano. Él reía de felicidad. “Ya lo he hecho muchas veces” y era la mentira que acabo con su vida. Su cuerpo flotó enseguida, pero sus esperanzas de vida yacían en el fondo del océano.

Ella entrecerró los ojos y aún se soltaban algunas lágrimas por el rabillo del ojo. Lágrimas turquezas como el mar que lo vio partir.

Pueden seguirme como @biziakishere. Los espero siempre con los brazos abiertos.

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