Es un poco confuso intentar escribir de varias maneras. A veces, por el trabajo, a veces por la tesis, a veces en otros idiomas, y en otras, simplemente dejar ser lo que eres. Todos tenemos una voz propia que debemos ajustar a las circunstacias y lo mismo pasa con la pluma. Hoy me encuentro escribiendo de maneras diferentes.

Todo empieza por las mañanas. De pronto, me veo poniéndole voz a una empresa. Porque en el mundo digital, las empresas son personas que te escriben y se bromean contigo. Te mandan corazones y no solo quieren venderte su producto, si no la buena disposición que tienen para atenderte: eres tú su cliente especial.

Luego, por la tarde, hago la tarea de francés. Y sí, me pasa a menudo tener que escribir en un idioma y luego pasar a otro. Y si los amigos del extranjero te escriben en ese preciso momento, puedes llegar a escribir, pensar y sentir en tres o más idiomas. Pero todo depende de cómo lo lleves. En mi caso, la tarea de francés es prioridad, y termino escribiendo lo que me pidan, sea un ensayo o la locura que se le ocurra a mi profesor.

Pronto, a las pocas horas, ya de regreso a casa, comparto alguna que otra foto en mi cuenta de Instagram. En ella escribo de nuevo en forma literaria. El semáforo se pone en verde y en lo que avanzo con gran velocidad en la moto, tengo algunos likes al menos. No soy muy popular, pero ¿quién necesita de aprobaciones al hacer lo que te gusta?

Sin más, llego a casa, me quito de encima la ropa malgeniada de todos los conductores que me pudieron mandar al infierno. Atisbo el computador con miedo. Es hora de enfrentarme a la tesis. Ya está lista, pero aún así, cambiar algunos conceptos resulta contagioso. No me espero volver a escribir hasta que el trabajo me ablande de nuevo.

Y si no es la tesis, puede que caiga un fin de semana en el que se me ocurre continuar con aquel proyecto literario que vengo creando lentamente. A veces me descubro escribiendo como si estuviera en el trabajo o se me pasan algunas palabras demasiado técnicas y/o precisas que lejos se escapan de las metáforas que puede uno emplear en una composición literaria.

Y así, todos los días combato una suerte de incertidumbre que termina por mezclarse. Una rutina se establece para que no olvide cómo debo ser. Duele, en un principio, luego se hace costumbre, pero es bueno considerar algunos puntos que me ayudan a calmarlo.

  1. Me distraigo antes de cambiar de tema. Escucho música, dibujo o veo alguna serie de Netflix.
  2. Dejo apuntado en Post-its los temas a tocar en cada tipo de documento. Utilizo colores distintos y me recuerda que es lo que debo conseguir. Si olvidas a quién te diriges, el texto puede verse entremezclado con diferentes ‘voces’.
  3. Tomo un descanso visual. Así, evito fatigarme demasiado y puedo concentrarme mejor en lo que escribiré después.

Poca gente realmente es consciente de lo que esto implica, pero en el caso de quién escribe, sea por los motivos, por los que lo haga, debe tener siempre en claro que involucra de gran rigurosidad. Escribir es mucho más que presionar teclas para formar una oración. A veces, llega a ser más que un estilo de vida.

2 Replies to “Blog vs. tesis: diferentes maneras de escribir”

  1. Vaya actividad que tienes querida Avril, eres una polifacética, políglota y además de literata eres motera, me encanta!!!!
    ¿Pero cómo puedes llegar a todo eso?
    Serás muy joven, a mi el tiempo no me da para tanto, aunque en casa me dicen que soy el eje de todo, jejeje, será para animarme.
    Me encanta que haya personas como tu, grandes, capaces, sois los que sacareis este mundo adelante.
    Sigue con tus idiomas y con todo, pero sobre todo sigue escribiendo, tienes un don muy lindo y potente para ello querida amiga.
    Recibe mi abrazo y no te olvides de descansar un poquito también.

    1. Se me ha dicho que soy muy joven para muchas cosas, pero creo que todo radica en querer intentarlo y desearlo con fuerza. Para otras, se me ha pasado el tiempo, pero no dejo de persistir en alcanzarlo. Gracias por los ánimos y por siempre pasarte a leer. Por supuesto que me doy mis descansos: amo dormir
      Un fuerte abrazo, amiga mía. Nos estamos leyendo

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