A raíz de tantos viajes y de sentirme físicamente tan pequeña frente al mundo, no puedo dejar de hacer notar lo que muchos podrían alcanzar solo con decirle “sí” a ciertas cosas.

La vida pasa de momento. Así reza la canción de Los Aslándticos. Con ese ritmo he vagado por las calles en mi motocicleta a plena luz de la tarde calurosa. Solo se asemejaba al sol infernal de esos primeros días de primavera en Budapest. Una tarde con aromas a vainilla y bloqueador solar.

Y ahora lo vuelvo a comprender. Me estoy enfrentando de nuevo a esa suerte de emoción vacía cuando se alcanza algo y luego nada. Solo queda esperar a que algo suceda, a que algo te llene de nuevo las esperanzas. Eso es lo que pasa, estoy en ese limbo. Muchas veces me he preguntado “¿por qué escogiste esta profesión, Avril?”. Y siempre me respondo lo mismo: “¿Y si no lo hacía?”

Luego, vienen a la mente todos esos “No habría podido hacer esto o aquello” o “No habría conocido a tal persona”, y así. Pero, en resumidas cuentas, somos lo que somos por aquello que escogemos ser, por aquellas decisiones que tomamos, por esos “si” o “no” por respuesta. No habría conocido lo hermoso que es el Danubio o el Rin de no haber decidido seguir a adelante con mi vida. Haber persistido en terminar cada ciclo de inglés en el que mi padre solía poner tanto énfasis dio resultado.

Aquí estamos, después de todo, persistiendo en decidir y cambiar nuestro destino. En intentar que todo cobre algún sentido cuando, en verdad, nos alejamos por completo de lo que debería haber sido. Quizás ese pequeño desliz del azar nos lleva a conocer personas extraordinarias o momentos mágicos mirando la Acrópolis bajo la luz de la luna y comprendiendo que no hay que buscarle sentido a la vida porque ya lo tiene aún sin darnos cuenta y que lo vamos a encontrar a nuestro alcance, aunque seamos ciegos y no queramos verlo.

A raíz de tantos viajes y de sentirme físicamente tan pequeña frente al mundo, no puedo dejar de hacer notar lo que muchos podrían alcanzar solo con decirle “sí” a cierta cosas, pequeñas y precisas, que se escabullen. Que, de tomarlas en el momento exacto, solo son una respuesta a modo de momentos realmente increíbles. Somos dueños únicos de nuestro futuro, aunque todo parezca obra del destino o de Zeus o del cosmos.

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