Es un pequeño refugio, donde soy la mejor versión de mi misma.

Cuando decidí crear este espacio, nunca pensé que terminaría exponiendo muchas de las emociones que llevaba dentro. Y aunque no parecía realmente relevante, me adentré a explorar esas mismas que no comprendía, que no sabía explicar, que ya no podía seguir guardando en mi interior.

Me he sentido como aquel paciente, aparentemente enfermo de la mente, que Guy de Maupassant retrataba en una de sus más brillantes obras (Horla, 1882). En ella, el señor aquel tenía miedo a aquello que parecía no ser un problema de su propia mente, sino un ente paranormal que se asomaba por su habitación a beber de su vaso de agua o a arrancar rosas de su jardín. Él culpaba a cierto sonambulismo que podía padecer, pero, en verdad, su descripción no podía salir más del asombro y la sorpresa por aquello que vivía. Se sentía irreconocible. 

A veces, me he sentido así: con una suerte de fiebre incomprensible que me provocaba este tipo de alucinaciones. Hasta que descubrí que, lejos de estar más cerca de un hospital psiquiátrico, la verdad ha recaído siempre en el subconsciente, en la desazón de saber que, al menos, el personaje de Maupassant era irreal y no se enfrentaba a la vida en carne y hueso. Y la mediana locura que siempre embarga al escritor, como en mi caso, la podía dejar para después.

Resulta que había cuestionado mi propio accionar, mis creencias, mi forma de vida. Y hasta cierto punto, no tenía nada de malo, pero si empiezas a dudar de ti mismo constantemente, entonces algo está fallando. Algo no va nada bien. 

Es en medio de esa vicisitud que me vi en la obligación de dejar de escribir muchos años de mi vida. No era yo misma. No estaba ni una pizca cerca a aquel Olimpo en el que hoy me puedo encontrar. Y fue precisamente gracias a esa triste lejanía que logré enfocarme en la idea, algo etérea entonces, de abrir un espacio personal y abierto al mismo tiempo. Algo que le permita a todos a pensar en sus propios interiores. 

Pero, ¿qué es Azul en el Olimpo? ¿Qué es este lugar en el que describo mis emociones y pensamientos? Una salida. Un hogar en el que considero que todos son bienvenidos, en el que quiero recibirlos con preguntas que no busco que tengan respuesta. Por el contrario, solo espero que encuentren en ellas su propio ser interno, sus propias preguntas y sus propias respuestas.

Azul en el Olimpo es precisamente eso. Un templo de adoración a las ideas, al pensamiento, a las preguntas. Es azul como aquel océano profundo o como aquellas noches despejadas en las que puedes ver todas las constelaciones. Es un pequeño refugio, donde soy la mejor versión de mi misma y pueden serlo todos a través de sus propias letras. Y porqué no, ser nuestros propios dioses, nuestra propia acrópolis.

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