“Porque nunca nos habíamos sentido tan extraños y tan conocidos al mismo tiempo. Ser parte de dos mundos tan distintos y propios.”

Sentado en el bus, un joven miraba vacilante a través de la ventana. De pronto, voltea y se extraña. ¿Alguien más habla castellano en tierras francas? Asombrado, fija la mirada y comprende lo que ha pasado. Es el sentido de pertenencia que ha llamado a una de sus mitades. ¿Cómo es posible sentirse cerca a algo a kilómetro de distancia? Y tímidamente se aproxima para preguntar.

–  Disculpa, ¿son de México?

Y el solo hecho de escuchar una voz familiar le dio cierto brillo a los ojos. Nadie habla en el transporte, nadie se mira entre sí, nadie clama por un poco de familiaridad, menos en la ciudad que alberga a miles de extranjeros. Pero en ese momento parecía que este joven de tes blanca vestido de forma muy excéntrica, tenía como prioridad reconocerse en la lengua que hablábamos.

Deja de cruzar sus manos y piernas y se extiende corporalmente para prestar atención. No había visto latinos en Bélgica desde hacía unos meses. Se emociona y se presta a una conversación en la que México renace con añoranza, algunos malos recuerdos y, automáticamente, se le abre una caja comparativa entre el europeo y el latino.

No era para menos compararlo, mientras nacían las incertidumbres de a dónde íbamos y qué hacíamos en Bruselas. Se descubre finalmente atrapado en una suerte de indecisión para finalmente darse cuenta que es producto de una mezcla difícil de comprender. Una mezcla que te hace extrañar dos lugares, y nunca terminar de sentirte parte total de ninguno.

– Porque nunca nos habíamos sentido tan extraños y tan conocidos al mismo tiempo. Ser parte de dos mundos tan distintos y propios. – Por fin no se siente solo, porque sin nacer en el lugar, una parte mía se encontraba al sur por las costas mediterráneas y podía extrañar, amar y valorar a ciegas una cultura de la que desciendo inherentemente.

Y así comprendíamos en la charla algo que algunos podrían comprender y que el gaucho español dueño de ‘Crímenes Perfectos’ alguna vez lo dijo sabiamente: “El tener dos pasaportes no siempre te dice de dónde vienes, pero siempre sabes a dónde vas”. Nunca es tarde para sentirse a gusto lejos de casa, porque, de una manera u otra, siempre tienes a dónde llegar.

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