“Es pleno verano y me ha traicionado con su luz incandescente, con su cuerpo entero, sin curvas ni medios conceptos.”

¿Es que es eso posible? Sentir que has estado tan cerca de alguien y realmente no estarlo. No saber su nombre ni en dónde está… eso es tan bonito como cuando me siento bien con él aunque solo lo piense. Porque así lo siento cerca.

Son las 02:01 y otra vez no puedo dormir. La luna me acompaña alumbrándome de lejos. Me ha despertado un sueño de aquellos en los que te embarga una alegría inmensa o era una tristeza tan pura. No lo sé. Esta madrugada es de las más extrañas. Ha sido un sueño de aquellos en los que no recuerdo si he sufrido hasta las lágrimas o si he reído bajo la lluvia, pero mi rostro se ha empapado de una emoción tan distinta y propia. ¿Qué ha pasado?

La luna se ha burlado a carcajadas, permitiéndome ser de nuevo esclava. Despojándome de mis valentías ante lo inesperado. Develando mi amor enamorado. Es pleno verano y me ha traicionado con su luz incandescente, con su cuerpo entero, sin curvas ni medios conceptos. Me ha forzado a ver sus ojos a través de sus cráteres. Y ha cautivado mi sueños en boleros eternos.

Siento que lo he conocido y al mismo tiempo seguimos siendo dos extraños. Que vivimos en momentos diferentes, que no estamos listos para la vida. Presiento que lo he visto y él a mí, que es más alto con el pasar del tiempo y yo más torpe. Que es imposible que alguna vez hayamos visto la misma puesta de sol, porque pienso que he estado a su lado cuando la luna se desvanece y él en el mío cuando Helios se oculta en el horizonte.

¡No quiero dejar que se muera este sentimiento tan dichoso! (y un poco ansioso). Porque aunque no sepa su nombre lo amo y así lo he querido siempre. Entre la idea de sueños e ilusiones que no se concretan en verdad. Y aunque sabemos que es real, nunca estuvimos bajo la puesta del sol, ni vivimos el amanecer, ni dormitamos en algún lugar.

Aún somos dos extraños que solo se ven en sueños y sufrimos por la ausencia del otro. Por eso nos duele tanto… tanto. Sabemos que es real, que nos hemos visto, pero esto es tan inexacto, tan poco creíble en tiempos tan difíciles.

Yo lo amo y él a mí, y así como he vivido una vida creyendo que vive en otras fronteras, él me piensa por que cree en mi realidad. Hoy, por ello, mis latidos entonan otro ritmo. Mi música interna va más despacio y mi alma descansa entre el recuerdo de la suya. Y aunque no olvido su nombre o simplemente no lo sé, él tampoco sabe el mío y aún así me ha dejado su calor sin olvidarme. Esa es la mezcla extraña entre amar a un desconocido y vivir eternamente en soledad y sentirse amado.

Y si alguna vez tiene la dicha de leer esto, aunque yo ya no exista más en este mundo, o por lo menos no en el suyo, sabrá cuánto he sentido yo por él y sabrá que yo entendía este amor entre claras barreras del tiempo. Hoy, no tengo miedo de decir que lo amo. Lo amo aunque no sepa su nombre y él me vaya olvidando.

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