“Desde su ‘animalidad’, comprendí y pude identificar la justificación a casi todas las acciones controversiales del ser humano

Ninuzhka, es el nombre de la pequeña erizo que adopté. Esta pequeña me ha enseñado muchas cosas en estos años tan bellos en los que juntas hemos atravesado todo tipo de dificultades. Ella, desde su diminuto tamaño, ha comprendido con total exactitud mi ánimo y yo he comprendido a través de los pinchazos en mi mano que un amor como el suyo no es para cualquiera, que duele, pero necesita sentirse aceptada. Y yo la necesito y la acepto.  

Ella se ha empeñado en demostrarme una suerte de cariño complejo, del que se desprende, casualmente, la existencia y paradoja de su especie: el dilema del erizo. Básicamente, lo poco que conozco de las emociones humanas las conocí a través de ella. Desde su ‘animalidad’, comprendí y pude identificar la justificación a casi todas las acciones controversiales del ser humano que se precia de inconmensurable sabiduría, inteligencia y raciocinio.  

El dilema del erizo, como bien lo ejemplificó Schopenhauer, se materializó en mi relación con este bello y enternecedor espécimen que llegó a mis brazos por el pasado mismo y hoy, en honor a sus 4 años de vida, la quise inmortalizar a través de la escritura. Lo cuál me llevó a preguntarme cómo es que esta pequeña existencia puede enseñarnos a través de una distintiva manera de expresar su afecto a ser más resilientes ante una suerte de sacrificio usando nuestro propio comportamiento.

La pequeña Ninuzhka, pese a su naturaleza esquiva y solitaria, una tarde durmió en mi regazo caliente bajo la manta de algodón pomposo que nos cubría de la crudeza del invierno. Había dejado de renegar y erizar sus púas para pegar su cuerpo rollizo a mis piernas y buscar mi calor. Yo le di lo mismo, y le agregué caricias para que supiera que no estaba sola.

Al inicio era terca y me hacía daño. Poco a poco, se fue ablandando. De esta manera comprendí que las personas en sociedad somos similares. A la primera muestra de cariño, estando tan inmersos en una irrealidad virtual, nos exasperamos buscando la mala interpretación, el lado malicioso siempre pesa más. Es gracias a la observancia de mi pequeña compañera que comprendí cómo los hombres, en el término genérico de especie, hemos dejado de ser confiables y hemos puesto en duda la confiabilidad del resto.

¿Es tan difícil que podamos vivir en un mundo menos confrontacional, donde nuestras ‘espinas’ no pretendan atacar a los nuestros, dónde comprendamos la lealtad de nuevo como una firma, como una huella? ¿Es tan difícil volver a creer en nosotros mismos?

4 Replies to “Dilema del erizo”

  1. Tienes mucha razón. Por desgracia, con mucha frecuencia, se tiene a interpretar de forma negativa las cosas que no están claras, aunque la mayor parte de las veces no lo sean.

    1. Quizás, la esperanza del mundo recae en no hacerlo. Probablemente, por ese código que mantienen los animales, es que sus vidas no son tan terribles que las nuestras. Son maravillosos.

Dime lo que piensas...

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.