“Se descubren nuevos límites que el ser humano se empeña en sobrepasar “

Pasaron las festividades de fin de año y el mundo volvió a su rutina entera, en donde la desilusión y la resaca son aquellas manifestaciones post-party que se tienen antes de la depresión. Esa que llega con el increíble agotamiento y con el primer estado de tu cuenta bancaria del año.

Ha pasado la primera semana y con ella grandes noticias alrededor del mundo. Los primeros bebés del año, el primer terremoto de 7.1 del 2019 en el límite Brasil-Perú, los escándalos políticos que nunca faltan y las tomas de mando cargadas de mensajes subliminales. El 2019 promete, como muchos, y viene cargado de una suerte de renacimiento, aunque, básicamente, muchos hacen los mismo de siempre.

Ya ha pasado la primera semana de este mes de matrimonios en el Olimpo y con ella las resoluciones que uno toma desde el primer día empiezan a decaer: la dieta, el cambio de actitud, hacer ejercicio, ser un mejor ser humano, según se fue el año anterior. Y así, los horóscopos han dejado de cobrar importancia.

De repente, un vaticinio, un quejido del pasado lograr hacer que volteemos la mirada y sin pestañear descubrimos que no hay vuelta atrás. ¿Qué puede ser peor que descubrirnos a una semana de parecer eternamente felices, sino merecedores de una suerte de maldición? Nuestro cuerpo es tan endeble como una planta pequeña ante las magnitudes que el universo nos propone.

Pero no todo es realmente tan pesimista como se cree, porque lejos de abandonar esta suerte de misticismo que acompaña los primeros días del año, lo cierto es que, realmente se empieza algo distinto, más realista. Se descubren nuevos límites que el ser humano se empeña en sobrepasar.

Nos sorprenden con las noticias trágicas que se revelan antes que las buenas, nos llenan el corazón de ideas frías. Así, la alegría con la que se empieza nos desvanece en una serie de incertidumbres. Llegamos a medio año entre horrores y dolencias, y, así, finalmente decaemos en la desesperación, en el ‘a dónde iremos a parar’, en el ‘nunca vamos a cambiar, somos de lo peor’. Así es el ser humano cada vez que cambia de año, de mes, de día.

Los ánimos positivistas se distraen en una sonrisa mortuoria, nerviosa, y aunque aparentemos estar bien, en verdad, solo ha llegado un día más y hemos vuelto a la rutina. Entonces, ¿qué de realmente nuevo tiene un cambio de año? Probablemente, el pasar del tiempo que lo vuelve a uno más resiliente ante este pesimismo del mundo de hoy.  

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