Ella ha cumplido 17 y con ello el juego de cuidarla en su adolescencia empieza a cambiar. Ya no es una niña del todo. Ya puede tomar sus propias decisiones y solo me queda orientarla. Sin embargo, ¿porqué duele tanto dejarla crecer?

Tener el privilegio de tener una hermana menor bordea los límites más tiernos y dulces que puede experimentar un ser humano a lo largo de su vida. Pero no. Ya no eres más la niña pequeña que cree que tener una hermana menor es como tener una nueva muñeca. Esta vez la muñeca es real y se hace en sus pañales. 

No se trata de nada complejo, más que rememorar los momentos más impactantes de su llegada a tu vida. Por ejemplo, cuando la cargué por primera vez en mis brazos, cuando se enfermó por comer algo que no debía y descubrí que los bebés no pueden comer ciertas cosas (hasta cierta edad), o algo tan simple como la vez que rayó las paredes. 

Tener una hermana menor es recrear lo que tu ya viviste y que tienes la dicha de verlo nuevamente, pero desde otra perspectiva. Es tener la posibilidad de decir “te aconsejo que…” y en algunos otras “te lo dije”, pero siempre animarte por acompañar una de esas dos frases con un abrazo, con tu hombro o estirando tus manos. Pues, si ella cae, tu habrás caído también junto a ella. 

Han pasado 17 años desde que la vi por primera vez y fue amor a primera vista. Un amor guerrero que parece disolverse cuando ahora rebusca entre mis cajones por una prenda y luego la descubro con tremendo enojo. Pero eso no pasará a mayores. Ella lo sabe y por eso lo sigue haciendo. 

Es un amor detective que te regala el don de oler problemas como un sabueso y puede nacer una rabia por matar a la razón de sus lágrimas, pero sabes que no puedes hacer mucho. Ella también debe aprender a enfrentarse a la maldad en el mundo, a reconocer a quien acepta o no en su vida. 

Es un amor maternal, con la excepción que ambas confabulamos para hacer renegar a mamá por alguna payasada. Podemos echarnos la culpa si andamos de malas, nos acusamos cuando vemos que algo no va bien y si mamá la reprende , me mirará con fuego adolescente en los ojos, pero después entenderá que fue lo mejor. 

Ser hermana mayor no es fácil. A veces no se tiene paciencia para muchas cosas, pero termina por ser algo agradable.  Sin embargo, ¿porqué duele tanto dejarla crecer? Aprendí que la respuesta está en la misma que un padre cuando ve partir a sus hijos a seguir su vida. Así como yo en algún momento, ella también debe seguir con su vida. Es parte de la misma. Confío que será una vida asombrosa. 

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