Si hay algo que aprendí durante los años que vengo trabajando, seis por lo legal y contando, es que si algo realmente no te apasiona no obtendrás un resultado 100% óptimo.

Es cierto que uno puede lograr mucho si realmente se lo propone. No obstante, no es lo mismo un contador con alma de ingeniero, un abogado con alma de poeta o un médico con alma de bailarín de tango que aquellos que ejercen su profesión con convicción de hacer lo que aman.

Mi sueño fue escribir desde los 5 años. Desarrollé más la expresión escrita que la oral. De hecho, debo admitir que en persona no suelo vocalizar, me atropello al hablar, tartamudeo y casi siempre me pongo roja por los nervios y sudo.

A veces, prefiero conversar por escrito y no por teléfono, pues me quedo callada y solo escucho hasta intervenir en algo que amerita mi respuesta. ¿Cómo he logrado ser periodista y comunicadora empresarial con esas falencias? ¡Oh, Zeus sabrá cómo…!

Pero mucho de lo que me ha ayudado a superarme es el apasionamiento que siento hacia aquello que he amado siempre: las comunicaciones. Por supuesto que existen muchas otras cosas que me apasionan. Entre ellas están la política, la filosofía, la astronomía, el dibujo y la pintura, la literatura y la lírica, la Historia, la sociología y hasta cuestiones que involucran las matemáticas, la química y la física. No obstante, el ser comunicador y/o periodista lo involucra todo, pues, de una manera u otra, terminamos aprendiendo de todo un poco. Y no hay nada que ame más en esta vida que aprender cosas distintas y nuevas.

Pero ¿a que viene este tema? Simple y llanamente al valor que las personas le dan al trabajo que ejercemos con mucho cariño. Durante mucho tiempo, aún siendo estudiante, laboré sin sueldo alguno, es decir, ad honorem.

Pero existe un punto en el que tu intelecto, tu tiempo, tu amor por eso, termine por obtener un valor real y no solo sea un regalo para otros. Puede darse ocasionalmente por amor al arte, pero no es algo que se pueda tomar como costumbre.

No es fácil, pero si uno disfruta de aquello que realiza y además obtiene un beneficio de ello ¿Cómo no sentirse feliz? Así como un médico o un abogado realizan aquello que los apasiona y reciben un beneficio a cambio, ser un comunicador, diseñador, músico o artista en general, también lo es y no tiene porqué menospreciarse ello solo porque “parece más fácil”.

La idea de aprender a valorar un poco más aquello que nos gusta hacer no solo significa un abono a nuestras cuentas, sino un estado de total plenitud: no hay nada más hermoso que reconozcan tu trabajo como excelente y que a su vez recibas una recompensa económica por ello.

Ama lo qué haces, pero que el resto también valore el porqué lo amas.

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