El tiempo sí se detiene

Hoy ha sido feriado. Pero no cualquier feriado. Es un día tranquilo, oscilante, caluroso, de noche nublada, rojiza y silenciosa. Pero hoy, no ha sido solo un día más de octubre. Hoy el tiempo se detuvo.

Como cuando tus padres te ven al nacer, como cuando das tu primer beso. Pero esta vez, el tiempo no avanzó con manecillas imponentes, dictadoras. Esta vez se quedaron quietas y no pensaron, ni sintieron, ni quisieron hacer más viejo a nadie. Doña Virginia hubiese querido que esto suceda para ella, para no abandonar a su esposo en este mundo. Y para Don Oscar y Doña María, el mismo les dejó un día más para compartir.

En la esquina, un gato adolorido descansa después de una lucha desgarradora en la madrugada. El triunfante felino se estira en un techo y se enrolla cuál nudo de telas pomposas. Pero así como para él, el tiempo también es efímero y cruel para todos.

Pero, hoy se detuvo. Cuando vi el reloj pasó mucho desde las 03:00 hasta las 03:01, y pasó un tanto más para las 03:02. Y entonces comprendí esa relatividad del tiempo para unos y para otros. Pues eran las 03:02 de la tarde para mi mente y aún no podía levantar mi cuerpo de la cama. Para mi cuerpo eran las 03 de la mañana y quería dormir.

Pasa en los viajes, en las amanecidas, en los momentos tristes y los momentos felices, pero todo pasa. Aunque el tiempo se detenga, aunque parezca sufrir, aunque el reloj agonice y desee colgarse. Pero lo hará finalmente de una forma u otra. Colgará de un cuello o una muñeca. El tiempo se cuelga, se viste, se porta en ocasiones especiales. El tiempo se corrompe, se estira, se ancha al antojo de cualquiera. Pero hoy se detuvo.

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No a los tacones

01/10/2018