No soy una chica que salga mucho. De hecho, amo las cuatro paredes de mi cuarto. Pero de vez en cuando me permito bajar del Olimpo para interactuar con los mortales y disfrutar de momentos juntos. Es así como descendí de mis aposentos a una intrigante salida con una amiga, diosa de la naturaleza por cierto, que me llevó al lugar donde dioses, semidioses y mortales se disfrazan de lo que quieren ser.

Así es como, bailando entre las gentes, un amante de la música independiente, un alma perdida entre los sintetizadores, se volvió a mirarme. Había pasado mucho tiempo desde que sentía miradas sobre mí y, sentir la suya, fue bastante intimidante.

Charlamos, reímos, nos sentimos cómodos y, de pronto, la música amenizó la situación que se cocinaba. Un par de besos fueron y vinieron. Así, como se hacen las cosas ahora, se dio con total normalidad ante la vista de muchos.

¿Qué pudo lograr en minutos lo que nadie consiguió en años? Esa simple pregunta me nadaba mientras me abrazaba e intentaba comprender cómo llegué a parar a los brazos de ese ser. Fue un total descuido sin saber, realmente, si se trataba de un dios, un semidiós o un simple titán.

Y, quizás, aunque duela, era un semidiós. Decidí llamarlo Pan. Su forma de ser es versátil, pero agradable. Su carácter emotivo y su manera de ser me llevaron a darle un beso. Sin embargo, sigue sin llegar a ser suficiente.

Estos son los riesgos de bajar del Olimpo: conocer a un ser venerado en el pasado en Arcadia, saber que este ser persigue ovejas, simples y corrientes, a través de los bosques y selvas, me llevó a preguntarme ¿qué hacía alrededor de mis brazos? Y así, es que quizás, ha surgido lo que no debió surgir, pero que a grandes rasgos es un intento de unir lazos. Solo un intento, solo una simple oportunidad.

Que extraño es imaginar que Afrodita se sentiría tan cómoda con un semidiós…

One Reply to “Lo conocí en un rave”

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