Muchas personas me hablaban del famoso Tinder. Intentaba comprender la lógica de ver fotos de personas en un rango predeterminado de edades y escoger con quien hablar y quedar para salir, conocerse y, eventualmente, tener sexo. Ya me sonaba a catálogo de Leonisa para ver qué sostén me levantaría mejor los pechos.

En fin, sucede que decidí darle una oportunidad. Encontré infinidad de fotos de hombres del rango que había solicitado (29 a 35), muchos de ellos mostraban el torso bien definido, ponían fotos junto a sus perros, gatos, pericos, cachorros de león, jirafas, ¡y hasta rinocerontes! Además, era increíble la capacidad de algunos que, en vista de su desventaja física, se animaban a poner “Solo chicas sexies dar like. Abstenerse las que buscan al amor de su vida” en sus perfiles.

Es así como empecé a notar el patrón en el vasto mundo de aquella red social, en apariencia candente. El hombre promedio seduce con fotografías posiblemente inofensivas. Se presenta con descripciones de sí mismos bastante cómodas, antojadizas y hasta, en muchos casos, con mentiras. Pero lo peor no sucedió hasta que conocí a un colega periodista de un renombrado medio de comunicación local.

Fue el segundo ‘like’ que había dado a través de la red y que resultó ser un ‘Match’. Ojo: no me considero la más bella del mundo, pero hay que saber cuándo alguien recae en ridículos y cuándo parece ser gente, aunque es claro que no se va a encontrar mucho en esa aplicación, pero muchos eran dignos de risas entre mis compañeras y yo.

Luego de varias horas de conversación con este profesional de las comunicaciones, me di con la curiosa confesión de su amor. ¿En verdad creen que una mujer de mi edad, de la misma profesión, puede caer en el cuento del amor a primer like? ¿En serio? Me pareció de más absurdo. Con 34 años o 38, no lo recuerdo, pensaba que podía seducir a una chica de 23 años, en aquel entonces, y tan fácil. Fue la estrategia de seducción más barata que había visto en mi vida.

Finalmente, acordamos para vernos. El individuo que aseveró ser alto y un Platón en potencia, se redujo hasta llegar a mis hombros, todo menudo y con apariencia infantil. No conversó mucho, ni me hizo sentir en la confianza de despertar la charla. Lo único que quedó de la imagen que proyectó sobre mí era NADA.

En fin, solo bastó esa experiencia para cuestionarme de nuevo y concluir que los ‘me gusta’ y los ‘me encanta’, el ‘me siguió en Instagram’ y ‘me dio follow en Twitter’ responden a una nueva danza de apareamiento en la que muchos se vuelven expertos para el flirteo virtual. Pero, en la realidad, no se consigue más que un tímido ‘hola’ y una salida pobre de contenido que se transmuta en sexo ocasional de buenas a primeras.

Para los que quisieran saber cómo quedó la salida con el mentado periodista, pues, todo se resumió en no verlo nunca más. Sin embargo, continuamos charlando vía WhatsApp (aunque ahora ni le hablo). ¿Será que algunas personas se llevan mejor en redes sociales que en persona? ¿Somos dos tipos de personas distintas en un mismo cuerpo? ¿Una real y una virtual?

Todo cabe indicar que es posible que la persona que proyectamos en nuestras redes sociales no es precisamente el tipo de persona que somos en la vida real y que lejos de pretender transmitir algo que queremos ser, en verdad, sirve para engañarnos a nosotros mismos. Es la vil mentira, la gran estafa detrás de la emoción de encontrar el placer.

2 Replies to “Expectativa vs. Realidad: no se veía como en Tinder”

  1. “responden a una nueva danza de apareamiento en la que muchos se vuelven expertos para el flirteo virtual” lo que me costo aprender eso, pase meses perdiendo mi tiempo en esa app. Triste pero cierto.

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