Es triste saber que muchas veces nos vemos en la ardua tarea de vernos felices. Y sí. Parece casi imposible estarlo todo el tiempo. Si en la oficina tu jefe te margina con montañas de papel que debes tramitar, o si viene alguien a golpear tu rostro no creo que vayas por ahí diciendo “me dieron más trabajo justo cuando iba de salida, ¡me siento fenomenal!” o “me golpearon en la cara, ¡estoy feliz!”

Ciertamente vivimos una de las épocas en las que más demanda de esfuerzo laboral existe y cada vez tenemos menos tiempo de interactuar entre nosotros mismos. La publicidad, en estos tiempos, ya no vende solo los productos. Ahora ordena que es lo que debemos hacer como si, por poco, nos olvidáramos de cómo debemos sentirnos.

Claro que, nunca viene a mal estar alegre y predisponerse a querer enfrentar la vida con una sonrisa en el rostro, pero seamos realistas, no es a cada momento. Si alguna vez han sido un poquito más observadores, podrán darse cuenta a su alrededor que constantemente estamos siendo bombardeados con órdenes. “Quiérete”, “disfruta”, “ríe”, “vive”, y casi siempre es la misma historia de gente con tiempo con un estilo acomodado que puede darse los lujos de quererse, disfrutar constantemente, reírse y, por supuesto, vivir.

Pero, ¿será que vivimos del sueño o la ilusión de obtener realmente una vida como tal? En lo personal, procuro evitar leer la publicidad en la calle aunque, está por todos lados, siempre hay una mejor opción: mirar hacia arriba. Por lo pronto, aún no le ponen banners a las nubes, y eso aún es un alivio.

Solo notar que un amigo con el que siempre salía para conversar de la vida ahora no tiene tiempo para hacerlo, me dejó con la duda sobre la poca interacción que tenemos. Y discutiendo de ello, a través de una red social, también percibí como la gente se desprende de ser como realmente son para ser de otra manera a través de las pantallas.

Y, ¿qué relación podría haber entre nuestro uso excesivo de las redes con nuestra felicidad? Entonces, pensé…

Simple: Nos vemos a la cara y nos sentimos.

A veces, la felicidad no está en el cereal que nos venden, pero si podemos marketearnos para vernos un poco más seguido.

One Reply to “Felicidad en cajas de cereal”

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